El carácter distintivo de esta vivienda aparece cuando se interiorizan y abstraen parte de las cualidades que posee un libro cualquiera. El solar aporta excelentes condiciones para desarrollar el programa concreto del usuario y aportar ese nivel de detalle añadido que hace de esta vivienda un hogar único y singular.

La volumetría de la vivienda parte de un poliedro blanco y pétreo que, analizando las características del lugar, se disgrega en tres pantallas en forma de “L” que se clavan en el terreno, colocándose de espaldas a la vía pública y abriéndose hacía el sur, obteniendo excelentes visuales hacia el gran jardín y el bosque cercano así como la iluminación del sol directa. Se establece una barrera muy marcada entre la vivienda y el entorno de su cara norte, fuera de estas pantallas ya no forma parte de ella, mientras que se abre y aprovecha las excelentes condiciones de su cara sur.

La vivienda se amplía y mira de manera directa en su mejor dirección, por lo que la totalidad de sus estancias principales siguen estratégicamente el mismo criterio y sitúan sus grandes ventanales en dirección sur. Hasta el punto en el que, en planta baja, la planta de representación, se amplía repentinamente a través de una gran terraza volada y cubierta, saliéndose de los límites establecidos por las pantallas con un afán de confundir interior y exterior.

El acercamiento a un libro abierto es igualmente directo, éste muestra una cara a la que mirar, es un intercambio entre el exterior, el lector, y el interior, el escrito, mientras que en su lado opuesto ofrece unas tapas, una barrera que marca de manera contundente que de ahí en afuera ya no forma parte de él.

/